El hombre y su desierto

Iba caminando por el árido desierto, cansado, anduve como si tuviese plomo, en busca del agua para mi secante sed, en ocasiones vislumbre parajes inolvidables, lagos cristalinos aceleraban la poca saliva que mi boca guardaba, para mi sorpresa tras un breve tragó, descubría que era la ilusión de polvo y viento que engañaba a mis ojos, seguí caminando y a veces tras tragos me daba cuenta de los espejismos a veces no, pero jamás termine de saciar mi rebelde sed, anclado de rodillas en la movediza arena de aquel desierto, sin ápice de fuerzas, miro al horizonte y algo me destella en los ojos de manera fulgurante, agacho la cabeza y suscitó una carcajada, había llevado en toda mi andadura por este árido mar, aquella cristalina redoma llena de pura agua. Algunos beben el agua y el espejismo desaparece, aunque vuelven a suceder; otros pasan su vida en el desierto, sin ver su propia agua; algunos se dan cuenta y se la beben. ¡se tiene más por ciego al que no quiere ver que al que no puede!

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