El encarcelado
Publicado por
Jonás Martín
en
20:26
Triste y lloroso estaba el rostro del escuálido encarcelado, apenado con su cara sobre salida entre los barrotes, aclamaba la razón de su castigo en aquella fría celda, encontrada en la mas remota selva que entre oscuro follaje era incapaz de verse ni tan siquiera algún hierro; noches y días aquel encarcelado su cordura perdía, al pensar si tal vez se tratara de un espejismo o de una pesadilla, en vacía celda solo le acompañaba una caja, este siempre intento abrirla, con fuerza, ira, desesperanza, mas por muchos intentos, su energía se debilitaba consiguiendo así que el llanto y la tristeza dieran paso hasta el ocaso. Inherte yacía sobre el suelo, tristeza y pena se fueron y dieron lugar a un profundo sueño, espíritus del bosque se le aparecieron, sorprendido explico lo sucedido, ellos rieron no en acto de burla sino de sabiduría pura, aconsejaron a este, primer cimiento para su intencionado camino, dijeron lo siguiente: - Deberas permanecer 7 días y 7 noches, sentado, espalda erguida y pies cruzados, mas no lloraras ni tampoco te reprocharas, las quejas has de olvidar, los pensamientos deberán pasar cual río desemboca al mar, sin respuesta que buscar, solo tienes la tarea de inspirar y expirar. Tras extática oníria, cual hormiga ordenada por su reina, comienza ardua tarea.
En primeros días, articulaciones y huesos queman su concentración, ardiendo en dolor, mas persistencia y pasión hicieron de él inamovible jarrón, pasaron días ya no dolía el cuerpo sino el corazón, pensamientos se aglutinaban en su presente que no dejaba descansar la mente, intento domar el fiero toro, sin embargo, nunca lo logro atrapar, ni tan siquiera cazar, siguió pensante, hasta en el intento desistió y se acordó de sabias técnicas que los eruditos les mostró, en la respiración, pasaron estampidas de pensamientos, mas no cazó ni atrapó, solo calmo vio pasar, a sus rebaños.
En últimos días de la profecía, en reposado cuerpo y sentada mente, el alumno descubrió, que su caja de herramientas se abrió, con la misma que su celda construyó, una vez roto culpables barrotes, el apenado se liberó, mas no solo su caja se abrió, sino también su corazón al descubrir que su retención era causa única e individual y que el podía elegir entre quedar o mudar.
Algunas veces nos vemos, como el personaje, atrapados entre barrotes con desesperación por salir, perdiendo fuerzas de manera inútil, quizás relajarse y sentir el pasaje por el que pasamos nos hace darnos cuenta que en la quietud también esta la fuerza, así descubrimos, una vez salimos que los barrotes y nosotros somos uno mismo, mas poder de la elección no solo reside en la razón sino también en el corazón.
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